¿Te gustaría escribir? ¡Vos podés!

Escribir es una habilidad que muchos de nosotros hemos naturalizado, gracias a la alfabetización y a la gran circulación de textos, especialmente digitales. Pero cuando hablamos de escribir un cuento, una poesía o una novela, el horizonte parece nublarse. Y aunque guardemos íntimamente  el deseo de escribir, a veces lo reprimimos por vergüenza, por no sentirnos capaces, por no lograr ordenar nuestras ideas, y tantas otras excusas. Por eso en Bellas letras te vamos a acompañar en este camino y así ir eliminando mitos sobre la escritura, para que te animes a hacer tu sueño realidad.

1. La escritura como forma de expresión

Desde sus comienzos el hombre necesitó comunicarse y para eso creó diferentes modos de transmitir sus pensamientos, emociones, vivencias, aprendizajes, y tantas otras cosas que hacen a la complejidad del ser humano. Y a lo largo del tiempo desarrolló múltiples formas de comunicarse, una de ellas fue la escritura.

Está claro que con el correr de los tiempos y la evolución humana, no sólo se ha ido transformando la escritura, sino que también, gracias a inmenso avance tecnológico y digital, se han multiplicado los soportes. Hoy en día percibimos diariamente infinidad de textos en nuestra vida cotidiana, en las calles, en los medios de comunicación, en los kioscos, en los billetes en circulación, y así podríamos seguir infinitamente.

Esta superabundancia de información muchas veces nos abruma, y dejamos de prestarles atención. Aunque de todos modos ingresan -sin permiso- a nuestro subconsciente.  Sin embargo, imaginemos por un segundo que todo lo que conocemos textualmente, nuestras Bellas letras, desaparecieran repentinamente de nuestro entorno… ¿no sería un enorme vacío? ¿no sería una complicación? ¿no sería una pérdida de transmisión de conocimiento? ¿una pérdida de experiencia? ¿de belleza?

2. Todos podemos escribir y transmitir ideas valiosas

Sí, todos. Con corrección ortográfica o no; a veces con errores de sintaxis o de coherencia, pero siempre hay allí una idea, algo que alguien consideró valioso comunicar.

¿Quién no ha escuchado decir de un padre o madre que “desearía pasarle su experiencia a sus hijos para que no tengan que pasar por lo mismo”? Ese es el ejemplo más claro de que las vivencias de cada persona dejan aprendizajes que deseamos transmitir. ¿Por qué no hacerlo por escrito? Algunos podrán escribir cartas, otros cuentos, otros querrán dejar asentado el conocimiento de algún oficio o profesión en particular (carpintero, relojero o veterinario, por decir algunos ejemplos), o incluso escribir su propia historia de vida. Lo importante es ese legado que dejaremos, ese testimonio de nuestro paso por este planeta, para que sirva a alguien más.

3. La inspiración.

A veces podemos sentir que todo está ahí, todas las ideas, todo lo que queremos escribir. Otras veces, deseamos escribir, deseamos vivir esa experiencia, pero no sabemos sobre qué. Entonces es necesario invocar a las musas. ¿Cómo hacerlo?

  • Anotar todas las ideas que se nos ocurran sobre lo que desearíamos contar. Escribirlas sin filtro, es decir, sin juzgar si son buenas o malas, útiles o inútiles, o qué opinarían los demás sobre ellas.
  • Una vez escritas, ya uno puede darse cuenta de cuánto se podría desarrollar cada una de ellas, o al menos, visualizar cuáles tienen más fuerza.
  • Trata de contar con una libreta o cuaderno especial para anotar tus ideas y tenerlas todas reunidas en un solo lugar. No dejes que esa buena idea anotada en una servilleta se termine perdiendo.
  • A veces es necesario salir de la zona de confort para estimular las ideas. Hacer algo que habitualmente no haríamos, algo distinto. Puede ser escuchar música, cantar, bailar, leer alguna revista, ver alguna película que nos movilice o visitar algún lugar que nos invite a fantasear, por ejemplo, un bar muy elegante.
  • Prestar atención a nuestras sensaciones y tomar nota de ellas.
  • Ejercitarnos en el “dejarnos llevar por los pensamientos”, y escribirlos.
  • Observar a nuestro alrededor, a otras personas, a los animales. Imaginar sus vidas.
4. ¡Eureka! ¡Tengo la idea! Ahora a escribirla.

Lo primero que hay que tener en claro es cómo nos gustaría que esa idea llegue a otra persona: ¿será una carta, un cuento, una novela (en caso de que sea ficción)?; ¿será que en realidad quiero escribir algo práctico, una especie de guía o tutorial?

Cualquiera sea el género, hay que poner un orden. Si es ficción podría ser cronológico. Si es un tutorial, podría ordenarse en función de pasos a seguir para lograr un resultado. Y con ese orden en mente, armar un plan, una estructura de las partes. En futuros posts iremos profundizando en cómo organizar las ideas.

Una vez que tenemos una organización general con la que vamos a trabajar (no tiene por qué ser el orden definitivo), hay que arrancar a escribir. Una vez más, lo importante es ir escribiendo todas nuestras ideas, en función del plan que nos propusimos.

Por último llegará la instancia de corrección. Lo podemos hacer nosotros mismos aunque siempre es útil pedir opinión a alguien más.

Lo importante es empezar a escribir. Siempre habrá tiempo para mejorar la técnica e ir puliéndonos.

El camino del escritor

Como toda actividad, expresarnos cada vez mejor a través de la escritura requiere de práctica y muchas veces podemos sentirnos tentados a abandonar la empresa. Por eso es importante sentirnos acompañados, animados, alentados.

En Bellas letras queremos hacer ese camino contigo. Compartir herramientas, experiencias y técnicas para que juntos logremos materializar el sueño de publicar nuestro propio libro. Esa es nuestra meta.

 

Escribir no es sólo para los grandes artistas. Todos tenemos algo  para contar. Todos podemos escribir.

¿Te vas a animar?

 

Suscribite a nuestro newsletter.

 
 
 

Agregar comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *